Esta excursión será la que por lo menos nosotros, los padres, no olvidaremos jamás. Fue verdaderamente mágica. Llegamos al parking a dos horas del anochecer, nos avisaron que era un poco tarde para llegar con los niños, pero no lo dudamos y empezamos a caminar las dos horas que nos harían llegar hasta el lago del que tanto habíamos oido hablar, pararíamos un momento y volveríamos a caminar hasta el coche. Para nuestra sorpresa disfrutamos más el sendero que el destino. A la vuelta empezaba a ponerse oscuro, pero todavía no necesitábamos linternas. De repente vimos a pocos metros de distancia un ciervo enorme precioso. Pensándolo después de haberlo vivido no sabemos como nos pudimos topar con un animal salvaje en libertad yendo con cuatro niños, supongo a ambas partes nos sorprendió. No nos lo esperábamos, ni imaginábamos. Fue un regalo.
Lo bueno del atardecer fue que no caminamos bajo el sol abrasador del verano y los niños disfrutaron mucho el recorrido.
Lo malo, el poco rato que estuvimos parados al llegar al lago, fuimos presa de los mosquitos.







